Identifica el problema desde la raíz
Una guía práctica para dejar de reaccionar y empezar a resolver
Vivimos rodeados de problemas. Problemas grandes, pequeños, urgentes, incómodos. Problemas personales, del trabajo, del mundo.
Y cuando algo no funciona, casi siempre hacemos lo mismo: reaccionamos. Hacemos un ajuste rápido. Tomamos una decisión apresurada. Cambiamos algo “para salir del paso”.
El problema es que muchas veces no estamos resolviendo el problema real, sino apenas el síntoma más visible. Eso explica por qué algunos problemas vuelven una y otra vez, incluso después de “haberlos arreglado”.
Este artículo es una invitación a hacer algo distinto: bajar la velocidad, observar mejor y pensar antes de actuar.
But first…
Hay algo importante que tener claro:
👉 Un síntoma es lo que ves 👉 La causa raíz es lo que provoca ese síntoma
Ejemplos comunes:
“La gente no usa nuestra app”
“El equipo está desmotivado”
“Siempre vamos tarde”
“Estoy agotado todo el tiempo”
Todo eso describe lo que pasa, pero no por qué pasa.
Si accionas desde ahí, lo más probable es que termines cambiando cosas que no eran el problema, culpando personas en vez de sistemas y el peor de todos, repitiendo el mismo ciclo más adelante.
Resolver bien empieza por identificar bien el problema.
Paso 1: Elige un problema que realmente te importe
No intentes resolver “todo”. Ni el problema más grande, ni el más urgente para otros. Empieza por uno que te afecte de verdad, que te genere incomodidad, frustración o una sensación de “esto no debería ser así”.
Puede ser:
Algo personal (“no logro avanzar en esto”)
Algo del trabajo (“este proceso siempre se traba”)
Algo del equipo u organización (“esto desgasta a todos”)
Rellena esta oración sin que sea una frase perfecta:
“Últimamente me frustra que _________ porque __________.”
Este ejercicio funciona para dos cosas:
Conectar emocionalmente con el problema
Evitar analizar algo que en realidad no te mueve
Porque ya lo he visto, si no te importa, no lo vas a investigar bien.
Paso 2: Describe el problema sin proponer soluciones
Este es uno de los errores más comunes (y más sutiles). Muchas veces creemos que estamos describiendo un problema, pero en realidad ya estamos saltando a la solución.
Ejemplos clasicos:
“El problema es que necesitamos una nueva herramienta”
“La solución es capacitar al equipo”
“Hay que comunicar mejor”
Eso no es el problema. Eso es lo que crees que hay que hacer.
Stop. Pregúntate:
¿Qué está pasando exactamente?
¿Quién lo vive?
¿En qué momento ocurre?
¿Qué se puede observar sin interpretar?
Ejemplo:
“Las personas abandonan el proceso en el segundo paso.”
Eso no acusa a nadie. No propone nada. Solo describe un hecho. Ese tipo de claridad es oro.
Paso 3: Pregunta “¿por qué?” (y vuelve a preguntar)
Aquí entra una herramienta muy simple: los 5 porqués.
No es un método complicado ni técnico. Es, literalmente, atreverte a no quedarte con la primera explicación.
Ejemplo:
¿Por qué las personas abandonan el proceso? → Porque se confunden.
¿Por qué se confunden? → Porque no entienden qué se espera de ellas.
¿Por qué no lo entienden? → Porque el lenguaje es interno y poco claro.
¿Por qué usamos ese lenguaje? → Porque nunca lo validamos con usuarios reales.
Cada “por qué” te aleja del síntoma y te acerca a algo más estructural.
💡Pro tip: Si la respuesta empieza con “porque la gente es…”, probablemente no has llegado a la raíz todavía.
Paso 4: Mira el problema como un sistema
Los problemas casi nunca existen solos. Suelen ser el resultado de varias cosas combinadas.
Una forma sencilla de explorarlo es preguntarte:
¿Tiene que ver con personas? (hábitos, expectativas, capacidades, motivación)
¿Con procesos? (cómo se hacen las cosas hoy, en qué orden)
¿Con herramientas o recursos? (tiempo, dinero, tecnología)
¿Con el contexto? (cultura, incentivos, presión, entorno)
No necesitas dibujar nada complejo. Solo escribirlo ya cambia la conversación de “quién falló” a “qué está fallando”.
Paso 5: Habla con quienes viven el problema
Si el problema afecta a otras personas, no lo adivines. Una sola conversación bien hecha puede revelar más que diez suposiciones.
Preguntas simples funcionan mejor:
“¿Qué fue lo más confuso o frustrante?”
“¿En qué momento sentiste que algo no hacía sentido?”
“¿Qué esperabas que pasara?”
Escucha sin defender tu idea. Escucha sin explicar. Ahí suelen aparecer las verdaderas pistas.
Paso 6: Redacta el problema con claridad
Ahora sí: escribe tu definición del problema.
No tiene que ser larga. Tiene que ser clara y honesta.
Escribe el Problem Statement ( Declaración del problema): Utiliza todo lo aprendido sobre el problema y tradúcelo a un pequeño párrafo. Este párrafo será tu guía para encontrar una solución específica al problema. Usa la fórmula de abajo para escribir tu problem statement. Una vez lo tengas, asegúrate de ponerlo donde lo puedas ver constantemente, así no perderás el norte.
Este paso es clave porque:
Alinea a equipos
Evita discusiones circulares
Sirve como brújula para diseñar soluciones
Paso 7: Verifica que estés atacando la raíz
Antes de pasar a la acción, hazte esta pregunta: 👉 Si soluciono esto, ¿el problema debería dejar de repetirse?
Si la respuesta es:
“Tal vez” → probablemente sigues en el síntoma
“Sí, en gran parte” → vas bien
Las buenas soluciones suelen sentirse menos espectaculares, pero más efectivas a largo plazo.
Repensar no es procrastinar, es diseñar mejor.
En Loop Lab creemos que hacer mejores preguntas es una forma de acción. Porque cuando cambias la pregunta, cambias todo lo que viene después. La próxima vez que algo no funcione, no corras a arreglarlo. Primero, míralo de verdad.

