Adaptabilidad como la del cocodrilo
Ayer me volví a encontrar con mi vecino 🐊 Asoleándose. Como siempre, chillin. Pero esta vez me dejó pensando.
Los cocodrilos llevan en la Tierra más de 200 millones de años. Han sobrevivido extinciones masivas. Cambios de clima. Continentes moviéndose. Ecosistemas enteros desapareciendo.
No porque sean los más inteligentes del mundo animal. No porque anticipen el futuro mejor que nadie. Sino porque se han adaptado. Miles y miles y miles y miles de veces!!
Y ahí estaba él, tranquilo, en un entorno que hoy compartimos con él, y pensé en lo irónico que es.
Nosotros también vivimos en cambio constante:
Información nueva llegando cada segundo
Tecnología tan revolucionaria que es genuinamente difícil imaginar cómo se verá el mundo en cinco años
Contextos políticos, sociales y económicos que se reconfiguran todo el tiempo
Y aun así, muchas veces reaccionamos al cambio como si fuera algo raro. Como si fuera una amenaza. Como si el estado natural de las cosas fuera la estabilidad.
Pero seamos honestos: lo raro es quedarse igual 👀
Como siempre, lo miro desde el lente de Loop Lab. Y cuando lo llevo al mundo de las organizaciones y los equipos, la pregunta que me surge es: ¿cuáles son las que sobreviven? ¿Las que duran? ¿Las que siguen siendo relevantes?
Las que se adaptan como el cocodrilo ☝
Ajustan sus productos. Sus procesos. Sus sistemas. Sus modelos. Sus formas de trabajar. Y lo hacen antes de que no les quede opción.
Pero hay algo crucial en la analogía: el cocodrilo no dejó de ser cocodrilo para sobrevivir. No cambió su esencia. Solo fue ajustando cómo vive en cada nuevo contexto.
Esa es la diferencia entre adaptación real y caos reactivo.
Aquí es donde entra un tool clave: el Modelo Iceberg 🧊
La mayoría de los equipos, cuando enfrentan el cambio, solo ven lo que está sobre la superficie: los resultados, los síntomas, los problemas visibles. Y reaccionan ahí.
Pero la adaptación real — la que dura, la que es sostenible — requiere bajar más profundo. Explorar los patrones y estructuras que están produciendo esos resultados. Y más abajo aún, las creencias y supuestos que sostienen todo el sistema.
El cocodrilo no cambió lo que come, ni cómo caza, ni cómo duerme al sol. Esas son sus creencias profundas, su identidad. Lo que ajustó fue cómo opera en la superficie — el contexto, el hábitat, la temperatura del agua.
Los equipos que se adaptan bien hacen exactamente eso: entienden qué parte de ellos es esencia y qué parte necesita evolucionar.
👉 Si tu equipo está navegando un momento de cambio y sientes que están reaccionando a síntomas sin atacar las causas profundas, el Modelo Iceberg puede ser un buen primer paso. Lo encuentran gratis en el toolkit de Loop Lab.

